Estás aquí: Inicio > Colabora > El poder del resentimiento: una respuesta a Karin von Hippel

17 de Enero de 2005

El poder del resentimiento: una respuesta a Karin von Hippel

Si la Cumbre Internacional sobre Democracia, Terrorismo y Seguridad que se celebrará en Madrid del 8 al 11 de marzo va a lograr algún progreso en el tratamiento del que es quizás el mayor problema de seguridad que tenemos en el mundo hoy en día, no debería, en mi opinión, echar mano de las premisas asumidas por Karin von Hippel en su artículo, Cinco pasos para derrotar al terrorismo.

Karin von Hippel busca las causas del terrorismo en la condición de aquellos que lo perpetran y encuentra elementos como la pobreza, la privación y la injusticia: No resulta así nada sorprendente que muchos (saudíes, argelinos y egipcios de la calle) dirijan su ira a Estados Unidos, quien a menudo ofrece su apoyo a sus autoritarios y nada representativos líderes... Si Europa y Estados Unidos pueden hacer más para que se lleven a efecto los compromisos ya tomados para eliminar la pobreza, terminar con los enfrentamientos civiles y promover la inclusión social y la democratización allá donde éstas se requieran, la popularidad de los terroristas... podría decaer de manera considerable". Aunque la intención no es exactamente culpar a Estados Unidos de los ataques terroristas de los que éste ha sido víctima, la implicación que se desprende es Estados Unidos es, sin embargo, parte de la causa, y que un cambio radical de la política estadounidense hacia el "tercer mundo" – especialmente en Oriente Próximo– debería ser parte de la solución.

Si usted sin embargo examina la verdadera condición de los terroristas a lo largo de las diferentes épocas, no encontrará tan fácilmente los elementos comunes que Karin von Hippel está buscando. Algunos terroristas han sido pobres y han buscado una forma de escapar de la pobreza; otros han sufrido penurias de uno u otro tipo o han sido víctimas de la injusticia. Pero ni éste es el caso de todos los terroristas, ni el de los que podríamos considerar como los peores.

Los jacobinos fueron en su gran mayoría miembros privilegiados de la élite entonces en alza, gente impaciente por alcanzar el poder pero también con sed de castigo. Los anarquistas rusos del siglo XIX no andaban mal de privilegios sociales y materiales y sus quejas eran más producto de su imaginación que resultado de su consideración o de su simpatía por el pueblo llano ruso. En esto cayeron en la cuenta no sólo Dostoievski, Turgeniev y algunos otros, sino también Anna Geifmann en su detallado estudio de los orígenes del terrorismo ruso, Thou Shalt Kill: Revolutionary Terrorism in Russia, 1894-1917.

Esto vale también para muchos terroristas modernos. Incluso el Ejército Republicando Irlandés (IRA), que afirma representar a los católicos "oprimidos" de Irlanda del Norte, se halla todavía lejos de poder captar nuevos miembros entre aquellos cuya oprimida condición gusta tanto de hacer alarde. La afiliación es un privilegio y el IRA es hoy uno de los negocios más rentables de la provincia. No existen pruebas que demuestren que el entorno de Osama Bin Laden sea muy diferente, y la insinuación de que este tipo de terrorismo surge como protesta contra la pobreza o la injusticia resulta ridícula.

Lo que mueve al odio

Creo que estaremos más cerca de entender el terrorismo si en lugar de buscar lo que que hay de común en la condición de los terroristas nos esforzamos por buscar lo que hay de común en la condición de sus víctimas. Los objetivos del terrorismo son grupos, naciones o razas que se distinguen por sus éxitos mundanos, ya sean de tipo material o social. El terror original se dirigió contra la aristocracia francesa, a la que pronto vinieron a sumarse todos aquellos grupos reales o imaginarios que presumiblemente les servían de ayuda. Los anarquistas rusos se centraron en gente con riquezas, posición o poder. El gran terror de Stalin, iniciado por Lenin, se dirigió contra grupos -los kulaks o campesinos proprietarios, la burguesía, los agentes del entorno capitalista- que presumiblemente se beneficiaban de un sistema que empobrecía al resto.

El terror nazi eligió a los judíos debido a su indudable éxito material y a la facilidad con la que que éstos podían constituirse como grupo. Incluso los terroristas del tipo del IRA o de ETA adoptan como objetivo naciones que disfrutan de riqueza, pobreza y privilegio a expensas de lo que para ellos son otros con iguales derechos. Si usted quiere saber por qué Estados Unidos se ha convertido en blanco principal de los terroristas modernos, sólo tiene que echarle un vistazo su estilo de vida. He ahí la personificación del éxito material que "lo venía venir" o que "lo estaba pidiendo a gritos", como dicen muchos miembros de la izquierda, si bien sólo entre ellos.

El éxito hace germinar resentimiento en aquellos que lo envidian, y el resentimiento hace germinar odio. Nietzsche incorporó esta simple observación en la base de su psicología política. Él distinguió el ressentiment, como él lo llamó, como una de las emociones sociales diferenciables de las sociedades modernas: una emoción controlada y gestionada por el cristianismo, que ahora vaga suelta por el mundo.

No estoy diciendo que el impulsivo análisis que Nietzsche hace de nuestra condición sea el adecuado. Pero probablemente él estaba en lo cierto al identificar esta singular motivación en los seres humanos, al resaltar su abrumadora importancia y al indicar que yace por debajo de las fuentes de la discusión racional. Al tratar con el terrorismo uno debe enfrentarse con el odio que nace del resentimiento. Este resentimiento no tiene como fin mejorar la suerte de alguien en concreto, sino destruir aquello que se constituye en objetivo de su odio. Esto es lo que hay de atractivo en el terrorismo, dado que el odio, como emoción, resulta un principio de vida más fácil y menos exigente que el amor, y es mucho más efectivo a la hora de reclutar un grupo de seguidores.

Podemos ponernos todos de acuerdo a la hora de odiar a alguien mucho más fácilmente de lo que lo haríamos para amar a esa misma persona. Y cuando el objeto del odio es un grupo, una raza, una clase o una nación, podemos extraer de nuestro odio una actitud integral de cara al mundo. De esa forma el odio encuentra orden donde hay caos, y decisión donde hay incertidumbre. Seguramente ésta constituye una explicación mejor de los procesos por los que se capta a los terroristas que la proporcionada por Karin von Hippel o Mary Kaldor.

Esto no quiere decir que los objetivos de los atentados terroristas sean siempre inocentes, o que no existan razones legítimas para mostrar resentimiento hacia ellos; ni tampoco que no puedan hacerse cambios en las políticas que puedan disminuir la fuerza del odio o desviar éste de la senda terrorista. Tan sólo quiere decir que nunca deberíamos perder de vista el elemento principal, esto es, que el terrorismo es un acto deliberado, causado por una motivación humana.

La tendencia al odio se halla en todos nosotros y únicamente puede vencerse mediante una disciplina religiosa o cuasireligiosa. Y me figuro que una de las cuestiones más importantes que habría de tenerse en cuenta en la conferencia de Madrid (y que no se tendrá en cuenta) es la de los efectos relativos que tienen las diferentes religiones o bien para desviar el resentimiento de su curso natural o bien para amplificarlo hasta constituirse en odio implacable. Esto significaría que la conferencia tendría que romper los grilletes de la correción política que obstaculizan la labor de Karin von Hippel. La conferencia tendría que abrirse a la posibilidad de contemplar, si no finalmente refrendar, la idea de que el Islam, en la forma invocada por Osama Bin Laden y sus seguidores, fracasa a la hora de enseñarnos, como lo hace el cristianismo, que el odio es un pecado.

Copyright © Roger Scruton. Publicado por openDemocracy Ltd. Puede descargar o imprimir extractos de este articulo para su uso particular y no comercial. Si es usted una biblioteca, una institución de enseñanza, una empresa o un medio de comunicación, debe usted adquirir una Licencia Académica o una Licencia Corporativa de openDemocracy, o solicitar permiso directamente al autor, antes de realizar copias, distribuir o reproducir este articulo con fines educativos o comerciales.


Con la colabracion deSafe-Democracy Foundation
Miembros del Club de Madrid

© Club de Madrid | Política de Privacidad | Aviso Legal | Contactar | Feed RSS RSS 2.0